Las tecnologías de la comunicación invaden cada vez más nuestra cultura, y sirven como instrumentos que miden el grado de progreso o modernidad de los países. Sin embargo, su concepción exagerada como centro de acción, estímulo e inspiración de la sociedad genera un determinismo que deriva en graves conflictos. La sociedad avanza conforme su tecnología se desenvuelve, pero a veces el precio del desarrollo resulta ser muy grande.
El alfabetismo tecnológico es una experiencia dinámica que involucra un esfuerzo continuo. Los individuos deben comprender que la tecnología se construye de forma ecológica y no aditiva, que tras su origen se encuentra una filosofía, y que se genera en un espacio y tiempo determinado y se proyecta en la cultura.